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Especial | El nuevo libro de Arturo Carrera

El nuevo libro de Arturo Carrera, La inocencia, una verdadera joya

Por Daniel Link

El nuevo libro de Arturo Carrera, La inocencia, una verdadera joya. Arturo es de esos poetas engañosos porque uno cree que su poesía ya debe de haber alcanzado su punto más alto y siempre nos demuestra que no. La inocencia es mejor aún que Potlatch y, también, que Noche y día. Como siempre, hay en las páginas de La inocencia versos que nos quitan el aliento, pero es en la dimensión de los poemas, enhebrados entre ellos como cuentas en un delicadísimo diseño, donde se percibe la grandeza de este libro que hace de la inocencia un pretexto (quiero decir: un texto ya escrito) para armar una constelación de sentido en la cual la infancia, la juventud, la vejez, lo animal y la mitología funcionan como ejes radiantes en la tensión de ese cielo que es la poesía para (de) Arturo Carrera. También es engañosa la cerrada unanimidad con que la crítica viene proclamando que la poesía de Carrera nada tiene que ver con el neobarroco, como si ése hubiera sido un vicio juvenil del que poeta se habría salvado gracias a la intercesión de sus amigos.

Los textos de la contratapa de La inocencia abundan en esa dirección para mí equivocada. La poesía de Arturo Carrera no puede "ser" (o no) neobarroca sino que participa (o no) del neobarroco en la medida en que el neobarroco sea comprendido como una configuración de fuerzas estéticas que definen la modernidad latinoamericana. Basta examinar con un poco de atención el doble centro que organiza el registro poético de La inocencia para darse cuenta. De un lado, el estribillo que, a lo largo del libro, marcan las "sicigias" y las citas a una sabiduría infinita considerada no tanto en su valor de uso sino como monedas, unidades doradas (y también un poco mágicas) de intercambio poético (lo que quedó dicho en Potlatch). Del otro lado, versos como "... el DJ estaba re-de pala". Y entre esos dos centros, la errancia, la falla del presente y del sentido. No la unión o la conjunción de los polos opuestos (utopía que la poesía de Carrera no sería capaz de sostener), no el equilibrio perpetuo propuesto por la cosmogonía gemelar de la gnosis --"Ideítas poco aptas/ para apasionar a las masas/ e ideonas poco buenas/ para desencadenar revoluciones", rima (¡rima!) el poeta--, sino la in-decisión, el in-finito, el salto hacia lo in-cierto. "no inventes. no inventés". ¿Participa o no la poesía de Carrera de un conjunto de tensiones que (sino por Góngora, al menos por Quevedo y Mallarmé) podríamos seguir llamando neobarroco?