Antonio Revello

Mi nombre es Antonio Revello, y nací en Junín, Buenos Aires, el 9 de noviembre de 1950. Cursé estudios primarios y secundarios en esta pujante ciudad ferroviaria, cuna de Eva Perón.

Durante cinco años viví en una pequeña ciudad, casi limítrofe con la Provincia de La Pampa, llamada Ameghino. Allí pasé mi juventud y comenzaron mis primeros roces con el quehacer literario. Ávido lector de cada libro que llegara a mis manos, era un ratón en la biblioteca municipal, hurgando en las obras clásicas del siglo de oro español, literatura francesa y obras completas de Shakespeare.

En 1969 me trasladé a la ciudad de Buenos Aires para proseguir con mis estudios universitarios. Recibido en Farmacia y licenciatura de Marketing farmacéutico, en 1974 ingresé a dicha industria como agente de propaganda médica. Fueron años de bohemia en la Capital Federal y relación profunda con la noche porteña y sus míticos personajes.

Parábamos en un Bar famoso del barrio de Recoleta, el Roddy Bar de Ayacucho y Vicente López y en otro de barrio Norte, el célebre El Chocón de Las Heras y Agüero. En ellos, conocí personajes de la literatura, el cine, y cantantes de moda. La barra del Roddy Bar la integrábamos con Miguel Zuberbuhler, el flaco Artola, Raul Martín, Raúl López, Pepe Basso, Antonio Carrizo, Alejandro Dolina, Pichuquito Risso, Argentino Ledesma, Miguel Brugo, Lionel Godoy, Hector Pacheco, Jorge Luz, Marcos Zuker, Horacio Ferrer, Tato Bores, Enrique Cadícamo, Hernán Oliva, el Mono Villegas, el polaco Goyeneche, Armando Laborde, Rodolfo Léxica y tantos otros. Recorríamos los boliches de moda como King, El Suizo, Cambalache, El Tranvía, Karim, Caño 14, Michelángelo, La Recova, Café La Paz, el Bar Suarez de Corrientes y Maipú, El Viejo Almacén, Los Dos Pianitos, Café de los Angelitos, el Bar Ramos, La Giralda con sus chocolates con churros, El Tropezón en la avenida Callao, Bachín y sus extrañables fideos con tuco y pesto y las famosas entrañas a la parrilla, el Tortoni y sus tertulias al atardecer, La Ideal de Suipacha, el Farolito en Villa Crespo, Patio de Tango pegado por Corrientes al Obelisco, las picadas del Jockey Club, el Cine Cosmos un ícono de esa época, etc, etc, etc. En esa época desarrollé el gusto por la literatura, escribiendo poemas románticos y poesía ciudadana con lunfardo incluido.

En 1979 formalicé en matrimonio, razón por la cual me alejé de la noche y la joda corrida. Dejé de escribir hasta esta época actual, donde aprovechando el tiempo libre que me dio la desocupación permanente de la globalización salvaje, me incliné a re-escribir algunos poemas, nuevas poesías, cuentos cortos y una novela recientemente terminada que se llama “Sin Remedio” y trata sobre la mafia de los medicamentos en Argentina, así de cómo surgió la industria nacional de remedios. También escribo artículos sobre actualidad y coplas gauchescas. No publiqué ninguna de mis obras y mi primer escenario es El Confesionario y algunos artículos que leen en una radio cordobesa en la madrugada.

Tengo preparados dos futuros libros de poemas, que estoy ordenando en dos títulos, “Ramillete con Alas” y “Confesión y Soledades”. También estoy compilando un libro de cuentos cortos que se llama “Licuado de Manzana”. Actualmente estoy terminando una novela corta titulada “Plagas Paralelas”.

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